Relato tomado del libro RAZONES de NORMA E. LARSEN
LEYENDA DE LA PIEDRA MOVEDIZA
Dicen que la Piedra Movediza, la piedra caída, es un corazón destrozado.
Estas piedras esparcidas a un lado de la sierra, antes formaban un grandísimo peñasco que latía como en un solo lamento sobre la roca helada.
Si casi parece escucharse el TUM, TUM, TUM-TUM, TUM, TUM...
Es el corazón de la india Miní, desgarrándose entre sus principios indestructibles y su amor por el cacique Tandil.
El cacique Tandil, esposo de Miní, había quebrantado una vieja ley religiosa de su tribu, movido por esas fuerzas misteriosas que tantas veces lleva al hombre a errar el camino. Una que le prohibía el maltrato a sus súbditos.
La noticia corrió de boca en boca. Como lenguas de fuego pasando de una antorcha a otra, se encendió la ira en los corazones mas sensibles. Como una amenazador llamarada, prendió la idea de la rebelión.
La crueldad de Tandil también llego a oídos de Miní. Y ella creyó romperse en miles de pedacitos de Minies. Dos tremendas fuerzas libraban la lucha más difícil en su interior: el amor por su esposo y la fidelidad a sus principios.
Al fin, triunfó la fidelidad. Y se unió a la causa justa de su pueblo contra el malvado cacique.
Los sublevados fueron vencidos por el cacique opresor. A veces pasa.
Los que caminan la mala senda salen ganando.
Pero corto es ese camino. El mal que hacemos siempre nos alcanza en algún recodo inesperado.
Y así fue también con el cacique vencedor, que era muy cruel por cierto, ya que su corazón no conocía la misericordia.
Rugió a los vientos que todos los sublevados fuesen atados a una gran piedra. Allí, bien arriba del cerro. Y se les dejase morir. Lentamente.
Cual si fueran de lo peor.
Y rugió más fuerte aún: que Miní recibiera un castigo exactamente igual.
Y rugieron los ecos de los cerros sobre la aldea india. Los pájaros buscaron refugio. Los animalitos salvajes espiaron azorados desde sus cuevas. El terror y la certeza de que algo terrible iba a ocurrir se filtró en los corazones. La luna comenzó su camino nocturno, tratando de apurar el paso, para aliviar tanto dolor.
De repente... con estruendo espeluznante, cabalgó sobre los cerros un trueno hasta tocar la piedra, en el preciso instante en que Miní moría.
Y un grito, como nadie de por aquí oyó jamás, clamó:
Ay..., Tandil!!! Mi muerte conmoverá la montaña y tus ojos verán mi corazón latiendo en este peñasco!!!
Siento escalofríos cuando pienso que la conciencia del cacique Tandil vió para siempre al corazón de Miní, en latido constante, en lo que para todos los demás era sólo una increíble roca balanceándose armoniosamente sobre la sierra madre...
LEYENDA DE LA PIEDRA MOVEDIZA
Dicen que la Piedra Movediza, la piedra caída, es un corazón destrozado.
Estas piedras esparcidas a un lado de la sierra, antes formaban un grandísimo peñasco que latía como en un solo lamento sobre la roca helada.
Si casi parece escucharse el TUM, TUM, TUM-TUM, TUM, TUM...
Es el corazón de la india Miní, desgarrándose entre sus principios indestructibles y su amor por el cacique Tandil.
El cacique Tandil, esposo de Miní, había quebrantado una vieja ley religiosa de su tribu, movido por esas fuerzas misteriosas que tantas veces lleva al hombre a errar el camino. Una que le prohibía el maltrato a sus súbditos.
La noticia corrió de boca en boca. Como lenguas de fuego pasando de una antorcha a otra, se encendió la ira en los corazones mas sensibles. Como una amenazador llamarada, prendió la idea de la rebelión.
La crueldad de Tandil también llego a oídos de Miní. Y ella creyó romperse en miles de pedacitos de Minies. Dos tremendas fuerzas libraban la lucha más difícil en su interior: el amor por su esposo y la fidelidad a sus principios.
Al fin, triunfó la fidelidad. Y se unió a la causa justa de su pueblo contra el malvado cacique.
Los sublevados fueron vencidos por el cacique opresor. A veces pasa.
Los que caminan la mala senda salen ganando.
Pero corto es ese camino. El mal que hacemos siempre nos alcanza en algún recodo inesperado.
Y así fue también con el cacique vencedor, que era muy cruel por cierto, ya que su corazón no conocía la misericordia.
Rugió a los vientos que todos los sublevados fuesen atados a una gran piedra. Allí, bien arriba del cerro. Y se les dejase morir. Lentamente.
Cual si fueran de lo peor.
Y rugió más fuerte aún: que Miní recibiera un castigo exactamente igual.
Y rugieron los ecos de los cerros sobre la aldea india. Los pájaros buscaron refugio. Los animalitos salvajes espiaron azorados desde sus cuevas. El terror y la certeza de que algo terrible iba a ocurrir se filtró en los corazones. La luna comenzó su camino nocturno, tratando de apurar el paso, para aliviar tanto dolor.
De repente... con estruendo espeluznante, cabalgó sobre los cerros un trueno hasta tocar la piedra, en el preciso instante en que Miní moría.
Y un grito, como nadie de por aquí oyó jamás, clamó:
Ay..., Tandil!!! Mi muerte conmoverá la montaña y tus ojos verán mi corazón latiendo en este peñasco!!!
Siento escalofríos cuando pienso que la conciencia del cacique Tandil vió para siempre al corazón de Miní, en latido constante, en lo que para todos los demás era sólo una increíble roca balanceándose armoniosamente sobre la sierra madre...
BUENICIMO
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